El yoga nos hace tomar consciencia

Tres meses y medio después de volver de mi retiro de Yoga, poco queda de aquel estado de paz y relajación en el que me vi inmersa durante dos semanas. Volver a la vida “real”, con el ritmo ajetreado a nuestro alrededor, el trabajo, las obligaciones, dejarnos llevar por los horarios establecidos… Todo eso hace muy complicado mantener ese estado de quietud que parecía fácil por aquel entonces.

Hace unos días me sentía un poco defraudada conmigo misma, porque había vuelto a mi vida de antes y todas esas buenas costumbres que había adquirido durante el retiro habían desaparecido. Sin embargo, me di cuenta de una cosa: ahora, soy consciente de mi estado, de si estoy desconectada de mí misma, de que me dejo arrastrar por mi alrededor sin pararme en el momento, en el aquí y el ahora. Y al darme cuenta de esto, me sentí muy satisfecha. Porque este camino es largo y yo estoy apenas empezando; simplemente ser consciente de este tipo de cosas es un cambio importante en mi vida porque hace unos meses, ni siquiera me lo cuestionaba.


Echando la vista atrás, en los diez meses que llevo practicando yoga de forma constante, he experimentado una serie de cambios. No son cambios que yo buscase: cuando me apunté a yoga fue simplemente buscando relajarme y porque tenía un estudio cerca de mi casa. No tenía ninguna aspiración más, no tenía ninguna intención más.

Lo que pasa es que esto del Yoga tiene beneficios colaterales. Aquí van los cambios que, a día de hoy, he notado durante los últimos meses:

  • Al poco de empezar a hacer yoga, di el paso de una alimentación ovo lacto vegetariana (con pescado ocasional) a una alimentación vegana. No sé si fue casualidad o no, pero mi cuerpo estaba preparado para ese cambio y adoptó este nuevo estilo alimentario de forma natural. Muchas veces la gente que me rodea piensa que estoy haciendo un sacrificio. Eso es cuando hago dieta; ser vegana es lo que me nace en este momento de mi vida.
  • He descubierto lo que es meditar. A mí, como a mucha gente, me costaba entender lo que implicaba la meditación; me parecía perder el tiempo, ¡con la de cosas que tenemos que hacer! Pero ahora sé lo que aporta, lo que beneficia y aunque solo he llegado a mantener ese estado mental durante unos segundos, me han bastado para entender que es esencial.
  • Me he conocido más a mí misma. Me he dado cuenta de lo que me hace sentir bien y de lo que, aún haciéndolo porque en ese momento me apetece, no me ayuda a crecer como persona. Ahora reflexiono sobre cómo actúo ante algunas situaciones; sobre por qué hoy me levanto escuchando un tipo de música u otro; sobre por qué mi cuerpo hoy actúa de una manera y mañana de otra.
  • También he aprendido a no juzgarme (o no tanto como antes al menos). Si un día no tengo buenas ideas; o si me caigo haciendo equilibrios; o si no he actuado como se esperaba ante una situación. Simplemente tomo conciencia de ello, lo reflexiono pero no me culpabilizo ni me machaco por ello. Lo acepto e intento mejorar.
  • Pide, que el Universo te dará. Típica frase de libros como “El Secreto” o similares que lees y piensas “ya, claro, si fuera tan fácil…”. Pues fácil tampoco es, ni yo soy millonaria tampoco. Lo que sí es cierto es que estoy intentando pedir y escuchar al “Universo”. Hay veces que nos empeñamos en algo que quizás no sea lo mejor para nosotros, aunque pensemos que sí. Yo me he dado cuenta de que a veces hay algo mejor preparado que ni siquiera hubiera podido imaginar, por desconocimiento. Dejarse llevar en ciertos momentos de la vida es importante, estar atento a las señales y no nadar a contracorriente. En mi caso, al menos, es lo que me ha funcionado.
  • Amor. El Yoga, entre otras cosas, es amor. Amor por todo y por todos. Cuando he estado más “conectada” lo único que sentía por la gente que me rodeaba era amor. Porque cada uno tiene unas circunstancias de vida, un porqué detrás de sus actos y normalmente juzgamos o tenemos sentimientos negativos hacia personas simplemente porque son diferentes a nosotros. Incluso a esas personas que me han hecho daño, he logrado desearles lo mejor y hacerlo sinceramente. Cada vez que convertimos el odio, el rencor o la culpa en amor, nos quitamos un peso de encima.

Cuando empiezas este camino (yoga, meditación, consciencia) no siempre tienes un objetivo claro. O quizás sí lo tienes, pero eso da igual. Si sigues en él, te pasarán cosas. Cosas que te gustaban dejarán de hacerlo; otras que nunca te habían interesado, comenzarán a hacerlo. Tendrás idas y venidas; momentos de mayor conexión y momentos en los que se te olvide lo que sentías al dejar la mente “en blanco”. Pero lo mejor del Yoga es que no importa hacerlo bien o mal; saltarte un día o una semana; solo importa ser consciente y no juzgarse por ello.

Y ya estoy buscando un retiro para enero porque mi cuerpo (y sobre todo, mi mente) me pide un reset.

¡Feliz semana!

ENTRADA ESCRITA POR SARA CIBANAL ARCE

@FITLICIDAD


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