Comida real con sabor: sin sal ni azúcar

¿Te has parado a pensar alguna vez para qué comemos? Probablemente cuando hayas estudiado el proceso de alimentación/nutrición en el colegio o instituto sí que lo hayas visto claro. Para refrescar un poco la memoria:

Según la RAE, un alimento es:

  1. m. Conjunto de sustancias que los seres vivos comen o beben para subsistir.
    2. m. Cada una de las sustancias que un ser vivo toma o recibe para su nutrición.

Por otro lado, nutrir se define como:

  1. tr. Aumentar la sustancia del cuerpo animal o vegetal por medio del alimento, reparando las partes que se van perdiendo en virtud de las acciones catabólicas.

Ahora piensa en lo que te hace elegir un alimento u otro cuando estás en el supermercado o frente a la carta de un restaurante: que esté bueno, que no engorde, que me llene, que sea una novedad, etc. Normalmente no pensamos (o al menos no priorizamos) el hecho de que ese alimento tiene unos nutrientes que nosotros necesitamos. Por este motivo, encontramos una gran parte de alimentos llenos de aditivos que, en lugar de estar destinados a aportarnos más nutrientes, están ahí para dar más sabor a los alimentos o para crearnos adicción.

Sí, adicción. El azúcar crea adicción y no hay más que mirar un par de etiquetas para ver que casi todos los procesados llevan una buena cantidad de azúcar. El famoso glutamato que está presente en una buena cantidad de alimentos, es un potenciador del sabor cuya función dista mucho de la que define la RAE como “nutrir”. Es decir, cuando miramos una etiqueta, deberíamos buscar ingredientes que nos aporten nutrientes en lugar de sabor, porque realmente la finalidad de comer es nutrirnos, disfrutar del sabor debería ser secundario si  queremos tener una buena alimentación.

Sé que es duro pensar de esta manera, pero párate a pensar: ¿realmente la comida al natural está tan mala o es que estás demasiado acostumbrado a echarle aditivos que ya no te acuerdas de cómo sabe? Si no estás dispuesto a renunciar al sabor, puedes empezar a explorar el mundo de las especias. De hecho, en Oriente las especias se utilizan no solo para dar sabor, sino por la cantidad inmensa de propiedades que tienen. En Ayúrveda, por ejemplo, los tres alimentos más valorados son el ajo, la cebolla y el jengibre; los tres tienen un sabor muy intenso y además aportan otros nutrientes que son necesarios para nuestro desarrollo.

Así que te propongo que empieces con alguno de estos cambios para acercarte más a la comida real

  1. Reduce o elimina la sal de tu dieta. Al principio te resultará duro, la comida no tendrá sabor y tendrás que empezar a utilizar sustitutos como la pimienta, el ajo o el romero. Pero poco a poco empezarás a descubrir el verdadero sabor de la comida y después ya te sobrará la sal (prometido!)
  2. Elimina el azúcar de tu dieta. Y no hablo precisamente del azúcar que tienes a la cocina y le echas al café. Hablo del azúcar oculto en todos esos alimentos procesados que compramos en el supermercado.
  3. Descubre las especias. Hay muchísimas y te sorprendería la cantidad de sabor que pueden darle a un plato. Además algunas de ellas tienen una gran aportación como el jengibre, la cúrcuma, la canela o el ajo. Prueba con ellas, poco a poco le irás cogiendo el punto y querrás descubrir más!
  4. Educa tu paladar. Al principio te costará comer la pasta sin salsa, el café sin azúcar y los yogures naturales. A mí me ha pasado, sé que es decepcionante. Pero después me ha pasado al contrario: ahora tomo un yogur azucarado y lo noto demasiado artificial. Piensa que tu paladar está acostumbrado a unos sabores porque tú lo has acostumbrado a ellos, así que depende de ti cambiar eso.
  5. Date tiempo y ve poco a poco. No cambies tu dieta radicalmente de un día para otro porque probablemente no dures mucho. Prueba a hacer sustituciones progresivas como las que te propongo:
    1. Si necesitas endulzar, opta por miel, sirope de agave o Stevia (no la de Mercadona, sino una que solo lleve Stevia de verdad)
    2. Si necesitas dar sabor, ten a mano unos cuantos sets de especias. Hay algunos que ya vienen combinados para darle sabor mexicano, marroquí, para la carne, para el pescado, etc.
    3. Si necesitas salsa… pues bien, la opción más fácil es hacerla casera. Eso sí, sin azúcar! También puedes cambiar el tomate frito por pesto (aceite de oliva, albahaca, orégano, ajo) o la mayonesa por salsa de yogur casera (yogur natural, zumo de limón, ajo en polvo, comino y una pizquita de sal).
    4. El café o el té, sin azúcar. Si echas sacarina, pásate a Stevia e intenta ir reduciendo la dosis. Si tomas té, prueba a dejar menos tiempo la bolsa dentro del agua para que se haga menos amargo y así no necesites endulzarlo tanto. Lo mismo con el café: quizás mezclarlo con leche o tomar un americano te hace tener que endulzarlo menos.

En definitiva, es un camino que puedes empezar a explorar. Lo más efectivo es hacer pequeñas sustituciones pero ser constante en ellas y convertirlas en un hábito (recuerda que se convierte en hábito a partir de 21 días). Así que ya sabes, si empiezas hoy, ya solo te quedan 20 días más para mejorar (aunque sea un poquito) tu dieta y tu salud.

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