Viajera y vegana: Italia edition

¡Hola a todos! Hoy os traigo un post sobre mi experiencia como vegana viajando por Italia. Creo que una de las mayores preocupaciones que tenemos cuando tenemos un tipo de alimentación diferente es cómo gestionarlo cuando estamos fuera de casa. Al menos, era la parte que a mí me resultaba más difícil. A continuación os cuento mi experiencia en este maravilloso país vecino.

Lo primero que quiero confesar es que las dificultades en este viaje eran varias. Es decir, si eres vegano y vas con personas veganas y además no tienes límite de presupuesto, sería todo muchísimo más sencillo. En mi caso, íbamos en plan low cost y, además, mi pareja es omnívora, con lo que la idea de pasar 9 días en Italia comiendo en restaurantes vegetarianos no era muy alentadora.

Nuestro viaje comprendió las siguientes ciudades: Bolonia, Florencia, Pisa y Roma. En líneas generales, puedo afirmar que Italia es un país más preparado para el veganismo que España. Con esto no quiero decir que haya muchísimas más facilidades que aquí, aunque unas cuantas más hay, sino que allí es algo que está socialmente aceptado y se conoce (hablo de las ciudades en las que he estado, ojo). De hecho, en muchos bares o cafeterías podíamos ver un cartel indicando que eran ‘vegan-friendly’: 

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Esto ayuda a saber que aunque en ese sitio no tengan demasiadas opciones para veganos, al menos SABEN qué come una persona vegana o vegetariana estricta. Y realmente era sencillo, solamente con decirles “soy vegana” ya me decían qué podía comer. Aunque esto parezca evidente, muchas veces no sabemos que lleva mantequilla, queso, leche o huevos, así que es de vital importancia que nos echen una mano.

Voy a dividir este artículo en lo que fueron mis principales fuentes de alimentación durante el viaje, ya que tiene más sentido que dividirlo por ciudades.

  • Supermercados: este es el lugar donde más fácilmente vamos a poder encontrar comida para todo tipo de personas. En el caso de Italia, hay muchísimos más productos veganos que en España. Estoy hablando de supermercados pequeños, tipos Carrrefour Express, donde normalmente no tienen demasiada variedad. Sin embargo, en todos había sección vegetariana y muchos alimentos BIO. Fue mi principal fuente de alimentación durante todo el viaje (y la más barata, obviamente).

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  • Gelateria: pues yo que creía tener que renunciar a un buen ‘gelato italiano’ y resulta que al final acabé tomando helado todos los días. En la mayoría de las heladerías disponen de helados veganos (menos variedad, pero muy buenos) y solamente con preguntar te los indican. Normalmente eran helados de frutas y el clásico helado italiano de nocciola (avellanas) que nadie debería perderse. Los hacían con leche de soja o de arroz y estaban deliciosos, nada que envidiar a los helados tradicionales. Además en Roma encontramos una heladería vegana en la que había más de 20 sabores a elegir y por el mismo precio que un helado “normal”. Se llama “Olive Dolci”, por si tenéis ocasión de visitarla.
  • Restaurantes y pizzerías: sin duda, esta es la parte más complicada. En Italia la comida es exquisita, pero suele llevar como mínimo queso y huevos. Por eso, me costó un poco más encontrar lugares donde poder disfrutar de comidas típicas sin ingredientes animales. En Florencia encontré un restaurante que tenía platos veganos, pero no era un restaurante vegetariano. Es decir, que yo podía pedirme mi calzone vegana y mi pareja su pizza tradicional. Se llama Sciuè Sciuè y está muy cerca del Duomo. ¡Recomendable al 100%!

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Después también tenemos todas las pizzerías que ofrecen pizza  al taglio (al corte). Es la opción más recomendable para tomar una buena pizza, mejor que un restaurante. En la mayoría tienen opciones vegetales y sin queso, que están muy buenas y salen bien de precio. En Roma pude disfrutar de estas delicias italianas:

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Con la pasta hay que tener un poco más de cuidado. Un día pedí un plato de pasta con verduras y le echaron bastante queso. No se me había ocurrido preguntarlo y me sentó bastante mal al estómago, porque ya no estoy acostumbrada. Además, ¡solo le sacaba sabor a parmesano! De todo se aprende, todavía estoy empezando así que considero que en líneas generales me fue bastante bien. Eso sí, no podéis dejar de probar las alcachofas a la romana ¡porque están verdaderamente deliciosas!

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Espero que os haya servido para daros cuenta de que se puede viajar, comer fuera y disfrutar de la gastronomía de un lugar aunque no comamos “de todo”. Hay países en los que están mucho más adelantados con este aspecto (como Inglaterra, próximo post) pero aún así es cuestión de buscar un poco en Internet y tener paciencia.

¡Feliz semana!

Entrada escrita por Sara Cibanal Arce. 

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@fitlicidad

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