“Ojalá me pudiera vestir así”

“Ojalá yo me pudiera vestir así”, ¿cuántas veces has repetido esa pregunta en tu mente o a tu círculo más cercano? ¿No te ha pasado nunca ver a una chica con un pantalón corto, un vestido super mono o simplemente con unos vaqueros super ajustados y un top y has pensado: “ojalá me pudiera poner eso”? ¿Sabes que te digo? Que puedes.

“Las comparaciones son odiosas y traen sufrimiento” dice el refrán, y que razón tiene. Nos pasamos el día comparándonos con los demás. Abrimos Instagram y empezamos con nuestro machaque psicológico. Vemos el nuevo modelito de nuestra instagramer preferida y pensamos “que bonita se ve, si yo tuviera ese cuerpo también me vestiría así”, en ese momento es donde empieza nuestra espiral viciosa de comparación y sufrimiento. Con sufrimiento me refiero a machaque emocional, a comparar nuestro cuerpo con el de esas personas y pensar que no valemos nada, que somos menos perfectas.

Pero, ¿por qué no puedes vestir así? ¿dónde está establecido que ciertas prendas de ropa solo están reservadas para un grupo concreto de mujeres?

Desde mi época de instituto siempre reprimía de una manera u otra mi verdadera forma de vestir. Mis amigas eran menuditas, tenían cuerpos pequeños y muy bonitos. Yo, en cambio, era alta, curvosa y grande (siempre he odiado esa palabra). Eso me acomplejaba mucho. Las veía que se ponían vestiditos super monos y yo no podía porque “llamaba mucho la atención”.

Era la sociedad la que me hacía sentir insegura

Se podría decir que aunque yo me sintiera cómoda vistiendo de tal manera era la sociedad la que me hacía sentir insegura. Mi propia familia me incitaba a vestir más ancha, o con tallas más grandes que la que verdaderamente necesitaba. No podía llevar escote, no podía llevar pantalones ajustados, si me ponía vestidos mejor que fueran anchos. Pero, ¿por qué? Me estaban generando complejos innecesarios. Estaban plantando en mi la semilla de la inseguridad que, poco a poco, iba germinando.

Una vez que dejé la adolescencia de lado y, en teoría, ya podía vestirme como yo realmente sentía me di cuenta de que era incapaz. Quería ponerme un top y llevar el ombligo al aire, pero no me sentía cómoda cuando lo hacía.

Quería ir a Bershka y comprarme un bonito vestido ajustado que realzara mi figura pero llegaba al probador, me ponía el vestido y me empezaba a decir que ese tipo de ropa no era para mi. Miraba a mis amigas en el cambiador de al lado y las veía preciosas con esa ropa, entonces me observaba en el espejo y me echaba la culpa por no ser tan delgada como ellas, por tener tantos complejos.

Eso último me pasaba a menudo, me ponía un pantalón corto, iba al espejo a mirarme y empezaba la fiesta de insultos hacia mi cuerpo. “Es que vaya piernas tienes”, “dónde vas así vestida”, “esta ropa no es para gente gorda”, (quiero aclarar que nunca he sido una chica gorda, solo durante una etapa de mi vida, después de superar la bulimia, estuve un poco por encima de mi normopeso, pero no era nada que pudiera afectar a mi salud).  Ese proceso lo hacía siempre que me vestía, era como un ritual.

Al final, siempre acababa vistiéndome con el tipo de ropa que a mi familia le gustaría (ropa más ancha y sin mostrar mucha carne) porque al final tapando mi cuerpo, poniéndome una ropa más ancha me sentía más “protegida”. Sentía que tapando mi cuerpo estaría exenta de la opinión y el juicio de la gente. También de que me pudiera pasar algo, porque claro si te violan o te hacen algo la culpa la tienes tú por vestir así, o eso me habían hecho creer.

Prometo que miraba Instagram y me metía en perfiles de tías que para mi gusto estaban “buenas” y me comparaba con ellas. Me lamentaba por no poder vestir así o sacarme esas fotos.

Un día comprendí que no podía pasarme los días comparándome con el resto de personas, que tenía que sacar de mi mente todos esos prejuicios que habían metido en mi mente.

Tenía que ver mi cuerpo tal como realmente era y quererlo así. También tenía que empezar a expresar mi verdadera forma de ser, vestirme como realmente quería. Sin temor al juicio de las demás personas. Sintiéndome cómoda con mi forma de ser y de vestir. ¿Por qué debía tener miedo de ponerme un top que dejara mi barriga al aire?¿O un pantalón corto? ¿Por qué me avergonzaba y maltrataba tanto a mi cuerpo?

Poco a poco empecé a ver la luz, me miraba al espejo y cambiaba las malas palabras de antes por palabras bonitas, en vez de sacar defectos intentaba encontrar virtudes. Empecé a quitarme prejuicios y vergüenza, me ponía tops y veía que no pasaba nada, que nadie me juzgaba, que la única que lo hacía era yo. Me daba igual lo que los demás pensaran siempre que yo me sintiera cómoda con lo que llevaba puesto.

Eso era lo importante y lo que tanto me costó aprender, sentirme bien conmigo misma. Sentirme segura y no necesitar la aprobación de lo demás, ni que su opinión me afectase para expresarme tal y como soy. Nadie podía decirme lo que podía o no podía llevar puesto.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s